Mientras el peronismo atraviesa una de las crisis más profundas de su historia en Entre Ríos, el Congreso partidario eligió un camino singular: expulsar dirigentes, sancionar voces críticas y blindar a una conducción que parece más preocupada por disciplinar compañeros que por recuperar la confianza de los entrerrianos.
- POR AF PARA CONFIRMADO
El peronismo entrerriano acaba de protagonizar una escena tan reveladora como preocupante. En lugar de debatir cómo reconstruir una fuerza política que viene de sucesivas derrotas electorales, el Congreso Provincial del Partido Justicialista decidió dedicar buena parte de sus energías a expulsar, suspender y sancionar dirigentes propios.
La sesión realizada en Paraná, en el predio del Sindicato de Pasteleros, estuvo encabezada por el intendente de Colonia Avellaneda, Ariel Weiss, acompañado por Gustavo Díaz, Mariel Henchoz y Juan Carlos Albornoz. Entre los principales referentes presentes estuvieron la intendenta de Paraná, Rosario Romero, el diputado nacional Guillermo Michel, el senador nacional Adán Bahl y la presidenta partidaria Silvia Moreno.
El resultado fue contundente: la expulsión del intendente de Santa Elena, Daniel Rossi, y de su asesor legal, Guillermo Reggiardo, además de sanciones contra otros dirigentes históricos y reconocidos del justicialismo provincial.
La lista de castigados incluye al ex senador nacional Héctor Maya, al ex diputado provincial Gustavo Guzmán, a la ex diputada nacional Carolina Gaillard, además de María Rosa Vergara, Graciela Trinidad, Claudia Quiróz, Verónica Rubattino y Luna González.
La pregunta es inevitable: ¿qué partido político expulsa intendentes, sanciona ex legisladores, castiga referentes territoriales y suspende dirigentes mientras atraviesa una crisis de representación y pérdida de votos?
Del debate político al tribunal partidario
La justificación formal fue la “violación de los deberes de lealtad y disciplina partidaria”. Una frase tan amplia que podría servir para expulsar a cualquiera que se atreva a cuestionar a la conducción de turno.
Más llamativo aún resulta que sectores vinculados a Rossi denunciaron que el Congreso continuó sesionando sin quórum suficiente, que no se permitió el ejercicio pleno del derecho de defensa y que varios congresales abandonaron el recinto en desacuerdo con el procedimiento. Según esos sectores, Rossi incluso solicitó hacer uso de la palabra y no se le permitió intervenir.
Si esas denuncias son ciertas, el problema deja de ser político para transformarse en institucional.
Porque una expulsión partidaria puede discutirse. Lo que resulta mucho más difícil de justificar es una expulsión sin permitir que el acusado se defienda.
El peronismo que expulsa mientras pierde elecciones
Hay una ironía difícil de ignorar.
El mismo partido que durante décadas construyó su identidad sobre la amplitud, la discusión interna y la representación de sectores diversos hoy parece obsesionado con depurar sus filas.
La dirigencia que conduce el PJ entrerriano parece convencida de que el problema son los dirigentes que cuestionan, denuncian o compiten por afuera. Nunca quienes llevaron al partido a perder poder territorial, votos y credibilidad.
Mientras los ciudadanos se alejan de la política tradicional, el Congreso partidario decidió que la prioridad era confeccionar listas de expulsados.
Como si el principal problema del peronismo entrerriano fuera el exceso de dirigentes y no la falta de autocrítica.
Un mensaje peligroso hacia adentro
Las expulsiones de Rossi y Reggiardo pueden interpretarse como una decisión disciplinaria. Pero también envían un mensaje mucho más profundo hacia el resto de la dirigencia.
El mensaje parece ser simple: quien cuestione a la conducción corre riesgos.
Y cuando un partido político comienza a premiar la obediencia por encima del debate, deja de fortalecerse y comienza a encerrarse sobre sí mismo.
En un contexto donde el peronismo necesita discutir liderazgo, ideas, renovación y estrategia, el Congreso terminó dejando otra imagen: la de una estructura más preocupada por expulsar compañeros que por convencer a los entrerrianos.
Quizás por eso la gran pregunta que queda flotando no es por qué expulsaron a Rossi.
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