Una gravísima presentación judicial sacude los cimientos del control ambiental en la provincia, tras descubrirse una compleja infraestructura ilegal montada en plena red troncal de saneamiento. La presentación formal advierte sobre una maniobra de alta ingeniería clandestina diseñada para derivar de manera sistemática toneladas de residuos sin ningún tipo de control ni registro oficial.

  • POR AF PARA CONFIRMADO

El epicentro del escándalo se localiza en la cañería madre que transporta la mayor parte de los fluidos cloacales del Gran Mendoza hacia el Establecimiento Depurador El Paramillo. La gravedad del hecho radica no solo en el daño ambiental directo, sino en la alarmante falta de fiscalización que permitió el desarrollo de una obra de tal magnitud en una zona crítica para la salud pública.

El impacto en la cuenca productiva y el riesgo de metales pesados

La alteración del caudal que ingresa al Establecimiento Depurador El Paramillo no es un problema periférico; afecta de manera directa a la principal zona hortícola de la provincia. Las aguas tratadas en esta planta tienen como destino final el Colector Lavalle, utilizado históricamente para el Sistema de Áreas de Cultivo Restringido (ACRE). Al introducirse efluentes industriales o comerciales sin declarar a través del bypass de PVC, existe el riesgo inminente de que compuestos químicos no biodegradables, hidrocarburos o metales pesados superen la capacidad de los barros activados y las lagunas de estabilización. Esto transformaría el agua destinada al riego de pasturas y cultivos autorizados en un vector de contaminación química y bacteriológica para los suelos del norte mendocino.

La sospecha sobre los grandes generadores y la falta de caudalímetros

La envergadura de una conexión clandestina transversal en una boca de registro troncal apunta directamente a sectores con alta producción de desechos líquidos que buscan evadir los costos de las plantas de tratamiento propio exigidas por ley. En el Gran Mendoza, los principales apuntados en este tipo de maniobras suelen ser establecimientos industriales, bodegas con fuerte carga de riles orgánicos o empresas de servicios de atmósfera controlada que descargan camiones de manera ilegal. Al no contar el sistema troncal con caudalímetros sectorizados ni sensores de conductividad en tiempo real en cada nodo crítico, el ingreso de estos volúmenes masivos pasa completamente desapercibido para las guardias operativas, hasta que se detectan desbordes o fallas en las cámaras de aireación de la planta de destino.

El peligro de colapso estructural por gases corrosivos

Más allá del desastre ambiental en la superficie, la intervención de la cañería madre genera un peligro estructural subterráneo de características severas. El Colector Máximo del Gran Mendoza trabaja en condiciones de flujo específicas; la perforación de la mampostería o el hormigón para introducir el caño de PVC altera la hermeticidad del conducto. Esta alteración facilita la acumulación de ácido sulfhídrico, un gas altamente corrosivo derivado de la descomposición de la materia orgánica en ausencia de oxígeno. La concentración de estos gases en el punto del bypass no solo pone en peligro la vida de los operarios de mantenimiento que ingresan a las bocas de registro, sino que acelera de forma drástica la degradación del cemento del colector, pudiendo provocar un colapso de la calzada superior por hundimiento del suelo.