A horas de presentar su postergada declaración jurada, el Jefe de Gabinete y su esposa, Bettina Angeletti, se subieron al régimen simplificado para tapar inconsistencias del pasado. Del “Fin” de la pauta al principio del perdón impositivo.
Durante meses, la palabra favorita de Manuel Adorni fue “Fin”. La usaba para sepultar ministerios, congelar presupuestos y sentenciar la muerte del “Estado pagador”. Sin embargo, cuando se trata de su propio bolsillo y el de su esposa, Bettina Angeletti, el Jefe de Gabinete parece haber descubierto una palabra mucho más atractiva, casi mística: Inocencia.
A contrarreloj, acorralado por los plazos legales y bajo la atenta mirada de Comodoro Py, el matrimonio Adorni-Angeletti decidió que no había mejor refugio que la flamante y polémica Ley de Inocencia Fiscal. Primero fue ella, el 31 de mayo; y en las últimas horas, ante el organismo que reemplazó a la AFIP (ARCA), lo imitó él. Una jugada de manual, un escudo impositivo de apuro justo antes de tener que mostrar los papeles y entregar, de una vez por todas, su postergada declaración jurada patrimonial.
El escudo perfecto: Que ARCA no mire para atrás
¿De qué se trata este milagro burocrático? El Régimen Simplificado de Ganancias que parió la Ley de Inocencia Fiscal funciona como una suerte de desinfectante premium para contribuyentes con baches en su memoria tributaria. Al adherirse, el fisco acepta procesar los números actuales con un régimen express y, fundamentalmente, se compromete a no hurgar en la ecuación patrimonial de los años anteriores (2022, 2023, 2024).
Traducido al criollo básico: es un botón de reseteo. Una avivada legal para normalizar lo que no estaba del todo blanco, zafando de sanciones administrativas y de denuncias penales por evasión.
Para el ciudadano común que paga el IVA hasta en los fideos, evadir es un pecado; para la cúpula del poder, es simplemente un trámite de regularización que se soluciona firmando una plantilla digital.
Haz lo que yo digo, no lo que yo evado
Lo verdaderamente ácido de esta comedia de enredos es el choque de discursos. El mismo Adorni que celebraba en redes el nacimiento de esta ley allá por diciembre de 2025, diciendo que “quedaría en la historia grande de nuestro país”, hoy la usa como un chaleco antibalas personal.
Desde el entorno del funcionario intentan bajarle el precio a la maniobra. Dicen que es solo para “ganar tiempo operativo” y que “no van a blanquear dólares”. Claro, porque ajustar las cuentas familiares a las apuradas cuando tenés al fiscal Gerardo Pollicita respirándote en la nuca investigando un presunto enriquecimiento ilícito es puramente una cuestión de “agenda y optimización de tiempos”. Contate otro, Manuel.
La mancha que el jabón fiscal no quita
Aunque logren prolijar los papeles ante ARCA para que la foto de 2025 quede estéticamente bella, el panorama en los tribunales de Retiro no se limpia tan fácil. La “Inocencia Fiscal” te absuelve de la multa del fisco, pero no funciona como indulto para el enriquecimiento ilícito ni para el lavado de dinero. De hecho, los investigadores judiciales ya tomaron nota de este repentino ataque de honestidad fiscal del matrimonio.
Mientras la oposición en el Congreso ya apura un proyecto de ley para prohibir explícitamente que los funcionarios públicos y sus parientes directos usen este beneficio (con la consigna “No más Betinas ni Manueles”), el Jefe de Gabinete ensaya su mejor perfil bajo.
El hombre que se hizo famoso explicando la realidad con soberbia y cinismo desde un atril, hoy prefiere el silencio administrativo. Total, para todo lo demás, ya descubrió que la inocencia en Argentina no se demuestra en la Justicia: se compra en una moratoria.
