La venta del negocio de downstream (refinación y comercialización) de Shell en Argentina se consolidó como una de las transacciones corporativas más ambiciosas y disruptivas de la última década en el Cono Sur.

  • POR AF PARA CONFIRMADO

La operación, cerrada por un valor definitivo de USD 1.420 millones, no solo marca la salida operativa de un gigante global de la distribución minorista en el país, sino que consagra el nacimiento de un nuevo actor integrado con capacidad de disputar el liderazgo energético mano a mano con firmas de control estatal o multinacionales tradicionales. La arquitectura de la compra se estructuró mediante una alianza estratégica entre Mercuria Energy Group, una de las tres comercializadoras independientes de commodities e hidrocarburos más grandes del mundo con sede en Ginebra, Suiza, y el holding empresarial argentino liderado por José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti. Esta coalición tomó el control de la totalidad del paquete accionario de Raízen Argentina, el brazo operativo que hasta el momento administraba los activos de la petrolera anglo-holandesa en el territorio nacional.

Para comprender el trasfondo financiero internacional, la venta responde a una necesidad global de Raízen —el joint venture regional constituido originalmente en Brasil por Royal Dutch Shell y el conglomerado Cosan—. La corporación buscaba desde hacía meses una inyección líquida de capital en efectivo para aliviar un pasivo financiero global consolidado que ascendía a los USD 13.000 millones, acelerando su estrategia de desinversión en activos de comercialización maduros para concentrarse en la producción de biocombustibles de segunda generación y azúcar a gran escala en territorio brasileño. El traspaso corporativo en Argentina se diseñó con precisión quirúrgica para evitar cualquier tipo de fricción regulatoria o pérdida de valor comercial. El acuerdo estipula un contrato de licencia de marca y regalías a largo plazo. Esto significa que, de cara al consumidor final, la mutación societaria será imperceptible: los surtidores, las tiendas de conveniencia Select, los programas de fidelización y la estética corporativa de los casi 900 puntos de venta continuarán operando bajo la bandera y los estándares internacionales de Shell.

Infraestructura estratégica y el nuevo esquema de poder

El volumen de activos tangibles e infraestructura crítica que cambia de manos dimensiona la magnitud del movimiento comercial. La joya de la corona operativa es la histórica Refinería de Dock Sud, ubicada en el partido de Avellaneda, un complejo industrial estratégico que posee una capacidad de procesamiento superior a los 100.000 barriles diarios de petróleo crudo, lo que equivale a controlar de manera directa el 14% de la refinación total de combustibles en la Argentina. A este nodo productivo se le suma una red de infraestructura logística de alta complejidad: la planta de lubricantes del barrio de Barracas en la Ciudad de Buenos Aires —líder en el segmento de aceites de alta gama—, las terminales de almacenamiento y distribución clave ubicadas en Arroyo Seco (Santa Fe) y el Puerto de Dock Sud, y las operaciones de suministro de combustibles aeronáuticos (aeroplantas) en los aeropuertos internacionales de Ezeiza y Aeroparque. El activo más visible para el pulso económico diario es la red de 894 estaciones de servicio que operan bajo la bandera de Shell, las cuales representan el 17,9% del mercado de venta minorista de naftas y gasoil en el país, consolidando el segundo puesto del sector detrás de la red de YPF y por encima de Axion Energy y Puma.

La ingeniería interna de la adquisición de Raízen Argentina revela cómo se distribuyeron las cuotas de poder dentro del consorcio comprador. El esquema accionario definitivo se articuló a través de los vehículos financieros de Mercuria, Latam Downstream Holdings y Silver Projects, que retendrán aproximadamente el 60% del capital de la nueva sociedad operadora. El 40% restante quedó en manos locales, dividiéndose en partes iguales entre José Luis Manzano a título personal y la sociedad controladora de Edenor, donde Manzano comparte la conducción con el empresario de medios Daniel Vila y el industrial químico Mauricio Filiberti, conocido en el sector productivo por ser el principal proveedor de insumos para el tratamiento de aguas a través de su firma Transclor. La alianza no es nueva; este consorcio ya experimentó un crecimiento acelerado tras adquirir la mayor distribuidora eléctrica del país a la corporación de origen Pampa Energía, y ahora traslada ese mismo modelo de gestión agresiva y expansión de escala al mercado del petróleo y los derivados líquidos.

El objetivo de la integración vertical desde Vaca Muerta

La verdadera importancia estratégica para el trinomio Manzano-Vila-Filiberti radica en la consecución de una perfecta integración vertical, un hito que transforma la naturaleza de sus negocios hidrocarburíferos. Hasta este momento, el grupo poseía un peso específico considerable en el upstream (exploración y producción primaria de crudo) a través de su participación en Phoenix Global Resources, una operadora con fuertes concesiones en los bloques no convencionales de Vaca Muerta, la principal formación de shale del país. En Phoenix, casualmente, el socio mayoritario de los empresarios argentinos ya era el gigante suizo Mercuria. Al acoplar de forma directa la producción de crudo de Vaca Muerta con la capacidad de refinación masiva de Dock Sud y la salida comercial directa que ofrecen las casi 900 bocas de expendio de Shell, el holding elimina los intermediarios en la cadena de valor. El crudo extraído en Neuquén puede ser transportado, refinado y comercializado dentro de la misma estructura societaria, lo que blinda al grupo ante las fluctuaciones de los precios internacionales del barril y les otorga una flexibilidad operativa y de márgenes de rentabilidad que hasta ahora estaba reservada casi con exclusividad para YPF y el grupo Pan American Energy.

Más allá del negocio tradicional del petróleo, los planes de la nueva conducción apuntan a una reconversión tecnológica disruptiva aprovechando el despliegue geográfico de la red adquirida. Los nuevos propietarios planean modificar los estatutos y el objeto social de Edenor para habilitar formalmente a la distribuidora eléctrica a ingresar de lleno en el negocio de la electromovilidad a escala nacional. El plan estratégico a mediano plazo contempla la transformación de las estaciones de servicio Shell en centros de recarga rápida y reconversión energética. La meta es instalar una red nacional de cargadores de alta potencia para vehículos híbridos y eléctricos enchufables, adelantándose a la transformación del parque automotor local que empieza a registrar un ingreso sostenido de unidades de origen asiático y europeo. Para hacer sustentable el modelo, se proyecta la instalación masiva de paneles solares en los techos de las estaciones de servicio, permitiendo el autoabastecimiento energético de las plantas comerciales y la inyección de remanentes a las redes de distribución locales.

La próxima frontera de expansión de los servicios públicos

Finalmente, la consolidación de este bloque empresarial se produce en un contexto de expansión agresiva sobre otros servicios públicos esenciales en la Argentina. En paralelo a los trámites finales de auditoría legal y las autorizaciones correspondientes ante la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) por los activos de Shell, el grupo liderado por José Luis Manzano se encuentra en la fase definitoria del proceso de due diligence para adquirir el paquete mayoritario de Metrogas. La distribuidora de gas natural por redes más grande del país, que abastece a más de dos millones de usuarios en la Capital Federal y el sur del Gran Buenos Aires, fue puesta formalmente a la venta por YPF, que controla el 70% de las acciones a través de la firma Gas Argentino S.A., por una cifra base que el mercado estima en torno a los USD 560 millones.

De concretarse también este paso regulatorio y financiero, el holding Manzano-Vila-Filiberti pasaría a ejercer una influencia sin precedentes sobre la matriz de servicios públicos y recursos críticos de la Argentina, reteniendo bajo su control la distribución eléctrica del área metropolitana, la producción y refinación de petróleo, el mercado minorista de combustibles y la principal red de distribución de gas residencial del país.