El célebre historiador israelí advirtió en el Financial Times que darles personería jurídica a algoritmos es “extremadamente riesgoso”. El presidente argentino recogió el guante y prometió una respuesta formal para “calmar sus temores”.

  • POR AF PARA CONFIRMADO

El cruce epistolar entre el presidente argentino, Javier Milei, y el intelectual Yuval Noah Harari no representa una simple discusión teórica de redes sociales. En el fondo, expone una colisión directa entre dos visiones contrapuestas del futuro de la humanidad. Por un lado, la apuesta libertaria de convertir a la Argentina en un “paraíso regulatorio” para atraer los capitales tecnológicos que huyen de las restricciones de Occidente; por el otro, el dilema existencial de un pensador que viene advirtiendo sobre el fin de la democracia tal como la conocemos si los algoritmos toman el control.

Para comprender la magnitud de la polémica, es necesario desarmar el andamiaje legal en el que se apoya el proyecto de la Casa Rosada y la base filosófica que sostiene las alarmas del escritor.

El “Super RIGI”: La zanahoria legal para tentar a Silicon Valley

La ambición del gobierno argentino de dar personería jurídica a las inteligencias artificiales no avanza en el vacío, sino que se acopla directamente al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). A través de este marco regulatorio, el oficialismo busca consolidar lo que en los pasillos de Balcarce 50 denominan un “Súper RIGI tecnológico”. La estrategia consiste en ofrecer estabilidad fiscal absoluta por tres décadas, exenciones impositivas masivas y libre disponibilidad de divisas a las firmas que decidan mudar sus servidores y desarrollos informáticos al suelo austral.

Sin embargo, el verdadero diferencial que propone Milei no es el alivio impositivo, sino la “anarquía de innovación”. Mientras Estados Unidos impone restricciones ejecutivas a los desarrolladores y la Unión Europea avanza con su rigurosa Ley de Inteligencia Artificial (que prohíbe o audita algoritmos de alto riesgo), Argentina pretende ofrecer un territorio libre de regulaciones burocráticas. La promesa de crear empresas autónomas no humanas es el eslabón definitivo de este plan, diseñado para tentar a los gigantes de Silicon Valley que buscan probar tecnologías que hoy son ilegales en el hemisferio norte.

“Nexus”: La advertencia de Harari sobre los algoritmos burocráticos

Esta audaz desregulación financiera y legal es precisamente el escenario de pesadilla que Harari describe en su último libro, “Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA”. En su obra, el historiador israelí desmitifica la idea de que más información genera automáticamente más verdad o sabiduría. Al contrario, sostiene que las redes de información tienden a crear burocracias masivas y dogmas ciegos que anulan la capacidad de corrección humana.

La tesis central de Nexus que choca con el plan de Milei es que la Inteligencia Artificial no es una herramienta cualquiera, como la imprenta o la energía atómica. Es un agente autónomo capaz de tomar decisiones y generar ideas por sí mismo. Harari argumenta en su ensayo que, cuando la administración de la información y la economía pasa a manos de burócratas algorítmicos que operan bajo lógicas inhumanas de eficiencia, los mecanismos de control social colapsan.

Al otorgarle personería jurídica a estos agentes informáticos —el corazón de la propuesta libertaria—, el analista advierte que se les permite operar de manera vinculante en contratos, finanzas y litigios legales sin la empatía, la culpa o la responsabilidad jurídica que frena las peores pulsiones de los seres humanos.

Un debate abierto sobre la soberanía del futuro

La discusión, por lo tanto, se reduce a una pregunta fundamental de soberanía y desarrollo. El gobierno argentino mira el debate desde una perspectiva pragmática y económica, posicionando la desregulación como la única salida rápida para insertar al país en la vanguardia tecnológica mundial y generar riquezas de manera exponencial.

Para Harari, en cambio, la iniciativa es un experimento sociológico de alto riesgo que debilita el tejido institucional en favor de entidades que ni siquiera pertenecen a nuestra especie. La respuesta formal prometida por Javier Milei será el próximo capítulo de una conversación global que definirá de quién serán las empresas del mañana.