Tras más de 18 horas de una movilización popular sin precedentes, las puertas del Polideportivo Gatica se cerraron definitivamente esta madrugada. Los fanáticos formaron una fila de 80 cuadras que cruzó el Riachuelo para dar el adiós final al máximo referente del rock nacional.
- POR AF PARA CONFIRMADO
El misticismo, la devoción y el dolor se fundieron en una jornada que quedará grabada para siempre en las páginas doradas de la cultura popular argentina. Más de un millón de fanáticos se movilizaron masivamente hacia las inmediaciones de Villa Domínico, en el partido bonaerense de Avellaneda, para despedir a Carlos “El Indio” Solari. Lo que comenzó como un velatorio se transformó rápidamente en la última, más multitudinaria y desgarradora “misa ricotera”, marcando el adiós definitivo al emblemático músico que falleció el pasado viernes a los 77 años.
El epicentro del dolor popular fue el Polideportivo José María Gatica, cuyas puertas debieron cerrarse oficialmente alrededor de las 4:30 de la madrugada de este lunes. La finalización de la despedida pública se dio tras un pedido expreso y lógico de la familia del artista, que contemplaba con asombro y respeto una marea humana que parecía no tener fin. Para contener semejante demostración de afecto y garantizar el orden, el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires debió desplegar un imponente operativo que incluyó a más de 1.500 efectivos policiales. Desde la cartera bonaerense emitieron un comunicado oficial en el que agradecieron profundamente a la multitud por acercarse a despedir a su ídolo cuidándose entre todos, logrando que una movilización de semejante magnitud se desarrollara por completo en paz.

Una fila eterna que unió la Provincia con la Capital
La marea de seguidores comenzó a gestarse mucho antes de lo previsto, desafiando cualquier lógica organizativa. Aunque el inicio del velatorio estaba pautado originalmente para las 11 de la mañana del domingo, las autoridades de la capilla ardiente se vieron obligadas a abrir las puertas una hora antes debido a la incontenible presión de los miles de fanáticos que ya acampaban en la zona. Las crónicas del lugar daban cuenta de una fisonomía urbana completamente alterada por banderas, remeras negras y cánticos que recordaban las viejas épocas de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Hacia el mediodía, la fila para ingresar al predio superó las 80 cuadras de extensión, configurando una postal inédita para el conurbano bonaerense. Los fieles del Indio, llegados desde los puntos más recónditos de la Argentina y de países limítrofes, unieron pacientemente el predio de Avellaneda con el barrio porteño de Barracas, cruzando simbólicamente los límites interjurisdiccionales a través de una columna humana ininterrumpida. En el interior del polideportivo, la escena combinaba solemnidad con liturgia rockera. El féretro con los restos del cantante descansaba sobre un atril, custodiado por una camiseta de la Selección Argentina y respaldado por una imponente gigantografía con la imagen del artista, ante la cual los seguidores dejaban cartas, flores y rosarios.
Tensión política y un homenaje a contrarreloj
Detrás del masivo dolor popular también se tejió una compleja trama de negociaciones políticas para definir el lugar del último adiós. La decisión de utilizar el Microestadio Gatica, emplazado en el Parque de los Derechos del Trabajador, debió resolverse a contrarreloj durante el fin de semana. Esto ocurrió luego de que las autoridades del Gobierno Nacional rechazaran la posibilidad de habilitar las instalaciones del Congreso de la Nación o de la Casa Rosada para la ceremonia, espacios habitualmente reservados para las máximas figuras de la historia del país.
Ante esta negativa, la administración de la Provincia de Buenos Aires recogió el guante de manera inmediata. El gobernador Axel Kicillof se puso al frente de la situación y aseguró públicamente que su gestión puso a disposición de la familia cualquier locación del territorio bonaerense que consideraran apta para contener la despedida. El mandatario provincial detalló en declaraciones televisivas el enorme desafío que implicó coordinar las tareas de asistencia y seguridad, asumiendo la enorme responsabilidad estatal de garantizar que un evento que congregó a un millón de personas se pudiera realizar de la mejor manera posible, brindándole la dignidad correspondiente a una comunidad tan masiva y pasional como la ricotera.
El inicio de la intimidad familiar
Con las primeras luces de este lunes y tras desalojar pacíficamente las inmediaciones del polideportivo de Avellaneda, la atención se trasladó hacia el círculo más íntimo del vocalista. La familia del artista, encabezada por su esposa y compañera de toda la vida, Virginia Mones Ruiz, comenzó a diagramar los pasos procesales para dar inicio al cortejo fúnebre.
A partir de ahora, las ceremonias de inhumación o cremación se llevarán a cabo bajo el más estricto ámbito privado, lejos de las cámaras y de la masividad que signó la carrera del músico. Se cierra así el capítulo público de un hombre que eligió la rigurosa reserva durante sus últimos años de vida, pero cuyo legado musical y poético quedará custodiado para siempre en el corazón de las multitudes que este fin de semana le ofrendaron su último y definitivo pogo.
