La política de Río Segundo acaba de registrar un hito difícil de superar en los manuales de la desfachatez institucional. Mientras las finanzas municipales crujen bajo el peso de cheques rechazados, proveedores en pie de guerra y empleados que cobran sus haberes fuera de término, la máxima autoridad interina del municipio decidió que el mejor lugar para reflexionar sobre la crisis eran las paradisíacas arenas de Bayahíbe, en la República Dominicana. El Dr. Ricardo Granja, pediatra de profesión, demostró tener una llamativa falta de tacto para diagnosticar la agónica salud económica de la intendencia que le toca timonear.

  • Por AF para CONFIRMADO

Apenas tres meses le bastaron al reemplazante del licenciado Darío Chesta —hoy refugiado en el Gabinete provincial como secretario de Vivienda— para desconectarse de la realidad local. Lo insólito no es solo que el jefe comunal interino arme las valijas junto a toda su familia en medio del naufragio financiero, sino el absoluto desprecio por los mecanismos institucionales: se marchó sin una notificación formal al Concejo Deliberante, transformando una licencia obligatoria en una escapada clandestina que la propia irresponsabilidad familiar se encargó de ventilar.

Postales de la impunidad en redes sociales

El blindaje que la política intenta construir entre cuatro paredes suele astillarse por la vanidad digital de las nuevas generaciones. El escándalo no saltó por una auditoría contable ni por una filtración de pasillos, sino por las fotos que las propias hijas de Granja subieron a sus perfiles de redes sociales. Las imágenes de un funcionario público disfrutando del sol caribeño, mientras en el ejido urbano que administra se multiplican los reclamos de impagos, detonaron un repudio generalizado que ya resuena con fuerza en los despachos políticos de la capital cordobesa.

Para la comunidad de Río Segundo, la postal resultó una bofetada intolerable. Mientras el sector privado local estira los ingresos para subsistir y la planta de trabajadores municipales asiste al cobro tardío de sus ingresos, el intendente a cargo ensaya una imitación de aquellos polémicos viajes al Caribe que supieron eyectar a funcionarios nacionales de sus cargos por el mero peso ético de la contradicción.

Un municipio sin quórum ni respuestas

La reacción del oficialismo local frente a la indignación pública no hizo más que agravar el panorama. Ante el inminente pedido de informes que la oposición preparaba para tratar sobre tablas en el Concejo Deliberante, la orden desde la conducción legislativa fue tan previsible como corporativa: vaciar el recinto. Al no dar quórum, los ediles del oficialismo prefirieron paralizar la actividad legislativa antes que tener que explicar las vacaciones no declaradas de su jefe político.

Esta parálisis deliberada expone el nivel de desamparo en el que se encuentra la administración local. Es la institucionalidad sacrificada en el altar del encubrimiento mutuo, dejando en claro que para el bloque gobernante es más urgente cuidar la comodidad playera del pediatra devenido en intendente que rendir cuentas ante los vecinos que sostienen el sistema con sus impuestos.

Gabinete en fuga y cheques voladores

El viaje al trópico es, en realidad, el síntoma de una patología de gestión mucho más profunda. En los escasos noventa días de interinato de Granja, el Palacio Municipal se convirtió en una puerta giratoria de funcionarios. El personalismo extremo con el que se maneja la intendencia derivó en una sangría constante: renuncias masivas, portazos indeclinables y despidos intempestivos vaciaron de cuadros técnicos a secretarías clave.

Nadie quiere pegar su firma a una botonera comunal que emite cheques sin fondos mientras las obligaciones corrientes caen de manera escalonada. Río Segundo se encuentra hoy en un limbo administrativo peligroso, al punto de que los rumores en los pasillos de El Panal indican que desde la cúpula provincial ya se analiza acelerar el regreso anticipado de Chesta para frenar un deterioro político que amenaza con volverse irreversible. Mientras tanto, en las playas dominicanas, el Dr. Granja sigue sumando millas, ajeno al incendio que dejó encendido en su propia tierra.