Las últimas encuestas conocidas durante las últimas semanas muestran una tendencia que ya no parece un fenómeno pasajero: la imagen negativa del presidente Javier Milei se incrementa brutalmente en gran parte de los relevamientos nacionales, mientras crecen las preocupaciones sociales por la situación económica, el empleo, el poder adquisitivo y los escándalos que golpean al Gobierno.

  • POR AF PARA CONFIRMADO

Lo que hace apenas un año era considerado un desgaste normal de gestión comenzó a transformarse en un problema político de fondo. Distintas consultoras detectan niveles de rechazo que oscilan entre el 60% y el 65 %, dependiendo de la medición, mientras la aprobación presidencial continúa retrocediendo incluso entre sectores que acompañaron a La Libertad Avanza en las elecciones.

El dato resulta especialmente significativo porque Milei construyó su capital político sobre una imagen de liderazgo disruptivo y una fuerte identificación emocional con sus votantes. Sin embargo, los estudios más recientes muestran que la economía cotidiana comienza a pesar más que el discurso ideológico.

El bolsillo sigue siendo el principal problema

Aunque el Gobierno continúa exhibiendo como logros la desaceleración inflacionaria y algunos indicadores macroeconómicos favorables, una parte importante de la población no percibe mejoras concretas en su vida diaria. Diversos relevamientos reflejan que la preocupación por los ingresos, el empleo y la pérdida del poder adquisitivo sigue dominando el humor social.

La recuperación económica aparece concentrada en determinados sectores, mientras amplias franjas de trabajadores, jubilados y pequeños comerciantes aseguran no ver reflejada esa mejora en sus ingresos. Esa distancia entre los indicadores oficiales y la percepción social comienza a convertirse en uno de los principales desafíos para el oficialismo.

Los escándalos erosionan el relato anticasta

A la cuestión económica se sumaron durante los últimos meses una serie de controversias que impactaron directamente sobre uno de los principales activos políticos de Milei: su discurso contra la corrupción y los privilegios de la política.

El caso de la criptomoneda $LIBRA, las denuncias que involucran al jefe de Gabinete Manuel Adorni y diversas polémicas vinculadas al entorno presidencial provocaron un deterioro en la credibilidad del Gobierno, según reflejan varias encuestas nacionales.

Incluso aliados políticos del oficialismo comenzaron a expresar preocupación por el costo que estos episodios pueden tener sobre la imagen presidencial. La oposición encontró allí un terreno fértil para cuestionar a una administración que llegó al poder prometiendo terminar con los privilegios y las prácticas de la denominada “casta”.

Ya no lidera todos los rankings

Otro dato que preocupa al oficialismo es que Milei dejó de aparecer como el dirigente con mejor imagen del país en varios estudios recientes. Algunos relevamientos ubican por encima suyo a otros dirigentes nacionales e incluso muestran que figuras opositoras comenzaron a recortar diferencias o directamente superarlo en valoración pública.

La situación no implica necesariamente una derrota electoral inminente. De hecho, algunos sondeos todavía muestran que La Libertad Avanza conserva una base electoral competitiva y capacidad de disputar futuras elecciones. Sin embargo, el escenario es muy diferente al de los primeros meses de gestión, cuando la imagen presidencial parecía inmune a cualquier crisis.

Un cambio de clima político

La consolidación de la imagen negativa de Milei parece responder a una combinación de factores: el desgaste propio del ejercicio del poder, las dificultades económicas que persisten en la vida cotidiana, las polémicas internas y una creciente sensación de que algunas promesas de campaña todavía no se traducen en mejoras concretas para la mayoría de los argentinos.

Después de más de dos años de gobierno, el Presidente enfrenta un escenario que hasta hace pocos meses parecía improbable: la discusión ya no gira únicamente alrededor de su capacidad para desafiar al sistema político tradicional, sino sobre los resultados concretos de su gestión. Y en ese terreno, cada nueva encuesta parece enviar el mismo mensaje: el respaldo social que impulsó su llegada a la Casa Rosada ya no luce tan sólido como antes.