El 2 de abril no es una fecha más. Es un símbolo de lucha, memoria y soberanía para todos los argentinos.

Cada año, el país entero rinde homenaje a los caídos en la Guerra de Malvinas y renueva el reclamo irrenunciable por nuestras islas. Sin embargo, en 2022, Gustavo Bordet —entonces gobernador de Entre Ríos— protagonizó uno de los actos más vergonzosos de su gestión: participó de un homenaje a excombatientes en Londres, capital del Reino Unido, el país que aún ocupa militarmente nuestro territorio.Lejos de representar una reivindicación soberana, su presencia fue parte de uno más de sus más de cien viajes por el mundo, casi siempre acompañado por su inseparable Edgardo Kueider.

Juntos armaron un tour diplomático que nunca benefició a la provincia, pero que les permitió recorrer embajadas, posar para la foto y mostrarse como dirigentes “globales”. ¿A qué costo? A costa de la dignidad y el respeto por nuestra historia.

Ese 2 de abril, mientras los verdaderos héroes marchaban en silencio por nuestras calles, Bordet se encontraba en Londres, sonriendo en una ceremonia organizada por la embajada argentina y compartiendo escenario con Estela de Carlotto. La excusa: “el diálogo”. La realidad: una claudicación. Porque homenajear a nuestros muertos en territorio enemigo es un despropósito, una falta de respeto y una provocación que ningún gobernador con un mínimo de conciencia nacional debería haber cometido.La causa Malvinas no admite dobles discursos. No se honra la memoria de nuestros soldados rindiendo tributo en el mismo suelo desde el que partieron los aviones británicos que los bombardearon. No se puede levantar la bandera de la soberanía si se arrodillan ante el protocolo diplomático y la corrección política.

El viaje a Londres fue apenas uno más en la larga lista de giras internacionales de Bordet y Kueider, financiadas por el erario público y justificadas con informes vacíos. Mientras Entre Ríos se hundía en deudas, hospitales colapsados y rutas destruidas, ellos recorrían Europa, Estados Unidos y Asia como si gestionaran una potencia mundial.

La visita a Londres, en pleno aniversario de Malvinas, fue la síntesis perfecta de una gestión desconectada del pueblo y de su historia.No hay olvido posible.

Porque lo que hicieron ese día no fue un error: fue una afrenta. Y como tal debe quedar registrada en la memoria colectiva. Bordet podrá seguir viajando, podrá intentar reescribir su legado, pero hay heridas que ni la diplomacia ni la propaganda pueden tapar. El 2 de abril se conmemora en la patria, no en el país invasor.

Y a nuestros héroes se los respeta, no se los usa para la foto.

Fuente: La Caldera